De la falda al niqab: Londres, la ciudad sexy


lookleftLas ciudades adquieren la forma de sus habitantes. Los mapas quedan relegados al olvido. Las distancias las marcan el alto de los tacones y lo apretado de una horma, no los kilómetros del recorrido; la figura está dada por lo que sus habitantes resaltan con la ropa. La forma de Roma es un zapato que brilla y aprieta, o un saco entallado y elegante; la de París, una bufanda rosa que vuela y deja detrás las amarguras; la de Londres va de una falda maravillosamente corta a un niqab pesado y total.

fashionukCaminar por la City londinense es pasar de los pantalones cortos y súper sexies a las tenebras del velo que lo cubre todo menos los ojos y de vuelta a las faldas cortas y los zapatos únicos y maravillosos.

Creo que tiene que ver con los pueblos que han compartido historia. En España, por ejemplo, no se enfrentan tanto los temperamentos porque la principal migración -o al menos la más notoria- es de latinoamericanos y de mediterráneos. Las conquistas españolas de antes y su historia de siempre han hecho que por sus calles se vean algunos velos, pero siempre con un detalle femenino -alguna borla, un detalle que brilla- y muchas faldas reggaetoneras, con el largo inversamente proporcional a la vanidad de quien la porta.

En Gran Bretaña, en cambio, las conquistas son tan distantes que al ingenio y la originalidad de los londinenses se le cruza enfrente lo más lejano y lo exótico. Las saudíes de negro que apenas despegan la vista del suelo se cruzan con la sobriedad de las sirias que, aún con la cara descubierta, llevan el cuerpo tan cubierto que la cara parece también oculta. Por suerte, a esa oscuridad se oponen por las calles la luminosidad de los saris indios, el gusto por el cuerpo y los colores -azules rey, rojos y naranjas intensos- de las subsaharianas que hacen del atuendo un arte.

Sobre todo, brillan las londinenses. Es igual si son zapatos, tenis, botas, botines; si falda, pantalones, saco o una diadema. Todas las prendas tienen una razón de ser, que puede estar en los aretes que coronan los oídos o en la falda que los acompaña medio metro abajo. Nada es gratuito. Todo es trendy. Y a fuerza de trendy, es irremediablemente sexy.

Quizá eso sea lo que hace a Londres lo que es: que a fuerza de mezclarse, a fuerza de elegancia, a punta de trendy styles, toda la ciudad es, en sí, tan sexy como sus habitantes.

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