Caster Semenya y l@s que sí tuvieron que cambiar de género


Caster SemenyaCaster Semenya, esa chica que corrió los 800 metros más rápido que todas, ¿de verdad es mujer? Esa es la pregunta que desde hace varios días ronda la prensa y los pasillos del mundial de atletismo, aunque la respuesta parece ser que sí es una chica. La duda surgió no sólo por su increíble velocidad, sino por algunos signos que suscitan dudas del físico. Más allá de si sea fea o guapa, por ejemplo, aparecieron este viernes en El País unas fotos de su secundaria en las que se ve vestida de hombre, rodeada de compañeras vestidas de mujer. Hay quien vio en ello un clavo ardiendo al que asirse para no darle el triunfo a Semenya, pero todo quedó ahí.

Mientras en la pista corra en la categoría que le corresponde, a mí me da lo mismo que se vista como se vista y que haga lo que se le dé la gana, pero a la humanidad, al menos en tiempos pasados y no tan lejanos, parece que no. Al machismo que ha dominado el planeta desde que los hombres vierno que había mujeres y que podían subyugarlas, ha habido muchas que han respondido dándole la vuelta a las reglas: “si para entrar en la corte hay que tener pantalones, usémoslos“, se dijeron, y lo hicieron.

Uno de los casos más famosos es el de Juana de Arco, metida porque la Virgen le hablaba -bueno, el arcángel San Miguel- a soldado, ayudó a echar de Francia a los ingleses, gracias a los ánimos que daba a los militares, según unos, a su habilidad como estratega, según otros. Para colarse en los pasillos de los generales y el poder, sin embargo, tuvo que dejar de lado su nombre y llamarse “Juan”. Y vestida como un hombre -como por lo demás haría toda la vida- atravesó Borgoña, vio al delfín Carlos y predijo la liberación de su país ante él.

George SandHay otros dos casos que curiosamente también vienen de Francia. Uno es el de George Sand. Nacida Amandine Aurore Lucile Dupin, se divorció muy pronto de su esposo y comenzó a usar pantalones y camisas. Gracias a eso, logró colarse por varios lugares de París a los que nunca hubiera podido entrar, lugares de alto riesgo como las bibliotecas, los museos o el foso del teatro.

El otro caso es de origen francés pero cubano de convicción, o al menos eso dicen los cubanos. Se trata de Enriqueta Favez. Nacida en Suiza, después de que su marido, un militar francés, murió, ella tomó su nombre y su ropa y estudió medicina en la Sorbona. Peleó con Napoleón como cirujano, pero la capturó Wellington en Waterloo. Después, decidió ir a Cuba, donde se hizo médico popular en una provincia infestada de piratas. La vida la trataba muy bien, y también la gente de alrededor, que por fin tenía doctor, cuando comenzaron las sospechas sobre su género. Cuando se descubrió que era mujer y trasvesti la encarcelaron las autoridades en una prisión y luego su familia en un convento. Cuando salió, se hizo misionera en México. Murió tiempo después en Nueva Orléans.

Si alguien conoce más, por favor dígalos.

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