“Turner estuvo aquí: y abrió fuego”


El Helvoetsluys de TurnerViéndolos lado a lado, imaginar la escena es mucho más fácil. Es el momento de los retoques a las obras, y Turner sabe que no tiene tiempo que perder. Sabe que Constable ha hecho una obra maestra. Sabe que Constable también lo sabe, y que espera confiado el veredicto de los jueces. Entonces, Turner pone manos a la obra. Su disparo será tan certero, tan discreto, que su rival, al entrar de nuevo en la sala, tan sólo exclamará: “Turner estuvo aquí. Y abrió fuego”.

La apertura del puente de Waterloo, de ConstableEl tiro que pegó Turner en la sala de la Royal Academy de Londres no mide más de unos centímetros cuadrados. Es una sencillísima boya roja que contrasta contra los fríos colores de su lienzo y le da centro, gravedad y sentido a la composición. Junto a ese cuadro, el de Constable parece un derroche, un exceso de precisión y calidez.

En el secreto de los últimos días, Turner revolucionó la pintura. Menos es más, gritó en cinco pinceladas y un retoque. ¿Para qué tanto óleo?

Pero quien mejor lo explica es el Times de Londres, en un artículo que sin duda vale la pena leer -sobre una exposición que vale muchísimo la pena ir a ver.

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