September 26th, 2009
Los dos Londres que caben en uno sólo
En realidad, en las ciudades siempre hay dos ciudades. Hay una en la que viven sus habitantes, y hay otra que es un barrio de una ciudad global, en la que viven las aves de paso o los extranjeros que se asentaron en un lugar sin querer o sin poder mezclarse con los nativos.
En el barrio londinense de esa ciudad me encontré con un orfanato bellísimo. En sus celdas viven Virgilio, Dickens, Paul Auster y Georges Bataille. Es el orfanato de libros del Café 1001, en la calle de Bricklane. El enorme librero que mira desde lo lejos al grupo que toca en vivo alberga regalos de los clientes, y los clientes pueden tomar los libros sin problema, y así dar casa a los huérfanos.
Hace unas horas pude ver también el Londres que viven los londinenses, cuando por azares del destino acabé en el Wetherspoon de Elephant & Castle, al sur de la ciudad. Entrar al lugar tiene la enorme ventaja de ver una ciudad entera resumida en un bar. En la mesa de la ventana, por ejemplo, un padre y su hijo toman café mientras que un hombre borracho perdido convence a su sombra de que “el Fulham va a arrasar mañana“. Dos chicos negros saludan a un chino y a un inglés mientras que, al fondo, una señora con una papada que le cuelga hasta la el pecho toma una cerveza con sus amigas.
Una no es más real que la otra: son simplemente dos ciudades que se superponen, con fronteras difusas pero siempre presentes, y de las que hay que entrar y salir con cuidado de no cerrar la puerta.