La historia se va como la arena: Kseniya Simonova


La vida puede ser como la arena: hagamos cosas bellas mientras se nos escapa”, decía el tweet de @OscarRamirezM. Lo que nos enseñó entonces es que la vida es como la arena, y como la arena es el presente y como la arena se borra la historia, aunque siempre queda. Lo que twitteó es la presentación de Kseniya Simonova, que en el concurso Ucrania tiene talento pintó en la arena la historia, la belleza, la muerte y la vida que la sigue.

No hacen falta palabras. Inclusive la música podría sobrar. Simonova plasmó sobre lo efímero la historia de una pareja que ve su idilio roto por las bombas nazis, el tiempo que pasa, las arrugas que llegan y los muertos que se van. Todo con cinco dedos y algunos millares de piedras desgastadas. Kseniya Simonova mostró cómo se pueden hacer cosas bellas con lo efímero, y cómo lo efímero puede ser bellísimo.

Es curioso que Simonova no montó una instalación o un performance en una galería: lo hizo en un programa de televisión. James Donaghy se pregunta en un blog de The Guardian qué pasaría si alguien hiciera algo parecido en Gran Bretaña tiene talento. La verdad da igual lo que digan los jueces: con que se presente alguien haciendo la mitad de lo que hizo la ucraniana en donde sea, sería genial para todos.

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Bas Jan Ader: aquí siempre es otro lado


El barco en el que quiso encontrar milagros“Es lo que tiene el mar, que desapareces. Es la desaparición más verdadera”, dice la voz en off del tráiler. El documental se llama Here is always somewhere else, y habla de la desaparición del artista Bas Jan Ader, que se perdió en el mar buscando un milagro, en 1975. Es una de esas cintas que, si se revisa solamente la contraportada, se descartan sin duda. Pero que si se ve el tráiler, atrapan sin duda. Es lo que tiene el mar.

Bas Jan Ader fue, según leo, uno de esos artistas que pusieron más arte en su vida que en su obra, que escribieron una novela de carne y hueso, en vez de una obra de óleos o latas o formaldehído. Se fue de polizón de Marruecos a Estados Unidos en un barco que naufragó; se casó con la hija del director de su escuela, y después se fue a buscar el milagro.

Parece que ahí estuvo su error. No en buscar milagros, que casi nunca es una equivocación, sino en exagerar: quiso buscar tres. Según él, iba a atravesar el Atlántico en el barco más pequeño que lo hubiera intentado. A las tres semanas se perdió contacto por radio con él. Diez meses después, su bote apareció 150 millas mar adentro de la costa de Irlanda.

Cuando estaba atracado en la Coruña, en Galicia, España, el bote desapareció. No se sabe si fue robado o el mar, no contento con la presa del capitán, cobró también ese botín.

Es lo que tiene el mar.

Vía: @anahop

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Magma: los mejores videos en una sola página


Internet se mueve por caminos misteriosos, y los videos van en ella de un lado a otro sin que necesariamente lleguen a todas partes. A veces, las páginas que solemos leer parecen inmunes a ciertos videos virales y nunca nos exponen al contagio. Otras, parecen insistir en que contraigamos ese virus -como pasó con la Tigresa del Oriente, que de verla enfermaba. Para solucionar esto y ofrecer los mejores contagios en video, nace Mag.ma.

magmasiteLa página reúne los mejores videos de Daily Motion, Vimeo, Hulu, Youtube… Además, recoge también los recomendados en Twitter, o en Del.icio.us, o en Digg. Ahí, por ejemplo, @adegetau encontró ayer esta joya en animación. Es de un irlandés, Eamonn O’Neill, y cuenta lo que odiamos que nos pase en el Metro, en el pesero o en el taxi: la invasión máxima del espacio vital.

my day from eamonn o neill on Vimeo.

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R.E.M., disco nuevo, nuevo video


El hombre de la franja azul en el rostro

R.E.M., la banda que encabeza Michael Stype -el hombre de la franja azul en el rostro y el talento enorme- anunció hace algunas semanas que a finales de octubre -el 27, en concreto- sacará un nuevo disco, Live at the Olympia. El disco recoge las sesiones de trabajo, ensayo abierto y conciertos que el grupo realizó en 2007 en el legendario teatro de Dublín para prepara su disco Accelerate.

Ahora, además de las primeras versiones de esas canciones, R.E.M. sumó al disco 29 canciones de toda su carrera, para reunir en total 39 melodías en dos cd’s. Para terminar de convencernos de querer que llegue el otoño de una vez por todas, presentaron hoy el video de la primera canción del disco, Living well is the best revenge:

Living Well Is The Best Revenge

Vía Pitchfork

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Persepolis 2.0: vencido el Sha, Marjane va contra Ahmadinejad


Persépolis 2.0

Treinta años después, Marji sigue con el puño en alto, pero ahora no lucha contra el Shah Pavlevi, sino contra Mahmoud Ahmadinejad. No tiene volantes y folletos: sigue las protestas en Twitter. Los dibujos son de Marjane Satrapi, pero la letra y los diálogos no. Se trata de Persepolis 2.0, la versión actualizada -con autorización de la autora original, pero sin su supervisión o revisión- del cómic que nos contó cómo fue la revolución islámica en Irán y cómo es la vida en el país de los ayatollahs.

El 13 de junio pasado, decenas de miles de jóvenes salieron a protestar contra lo que consideraban un fraude electoral en las elecciones presidenciales de Irán, que se celebraron el viernes anterior. Entre gritos de “Muerte al dictador”, pedían a las autoridades que se respetaran los votos y no se permitiera la reelección “a la mala” de Mahmoud Ahmadinejad, uno de los duros del país, partidario de una aplicación férrea de la ley islámica en el país. Hubo cientos de detenidos, varios de los cuáles siguen en la cárcel sin más delito que el de tratar de defender la democracia, y varios muertos -la más famosa fue Neda Soltani, asesinada sin deberla ni temerla cuando estaba parada, desarmada, cerca de una manifestación.

Tras el fin de las protestas, Sina y Payman, dos de esas jóvenes que salieron en la tele y en los periódicos antes de que el gobierno cerrara los diarios opositores y prohibiera a los corresponsales extranjeros salir a las calles a cubrir lo que ocurre, pidieron a Marjane Satrapi que los dejara hacer una versión 2.0 de Persepolis. El resultado son tres páginas que cuentan lo que fueron las protestas y un llamado a no dejar que se olviden los muertos en ellas ni la represión contra la juventud iraní ni la esperanza que esos chavos mantienen viva.

Por si alguien se la perdió, va el tráiler de la película que se hizo con el cómic original:

Vía Libération

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El matrimonio de un edificio y un instrumento, gracias a David Byrne


Un piano al que le cambiaron las entrañas, un montón de cables, una manguera enorme, motores, martillos y un enchufe. Con eso, David Byrne convirtió el foro Roundhouse, de Londres, en el Reino Unido, en un instrumento que envuelve a la audiencia.

Según el líder de los Talking Heads, además de la magia de convertir un edificio en una enorme forma de hacer música, su instalación tiene la gracia de democratizar un instrumento: como del piano sólo quedó la interfaz, todavía no hay virtuosos del foro Roundhouse: todos los tocan igual de bien o mal, dependiendo de las ganas que traigan.

Vía: JSHM

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Roger Waters vs El Muro… de Israel


watersvsmuro

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Primero fue el muro que daba el peor horizonte posible a la Puerta de Brandemburgo en Berlín y el peor panorama posible a los habitantes de las alemanias divididas. Ahora, Roger Waters, líder de Pink Floyd, vuelve contra las barreras, pero esta vez el muro está a miles de kilómetros, y es el que arrebata tierras y esperanzas a los palestinos de Cisjordania, el que construyó Israel. Para marcar el quinto aniversario de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia que estableció sin lugar a dudas que ese muro, además de ser una atrocidad, es ilegal, la ONU lanzará este jueves (lo esperamos en cualquier momento), por YouTube un video narrado por el legendario músico sobre la vida junto a la barrera.

“Hola, soy Roger Waters. Soy inglés. Soy compositor y he escrito mucho sobre los muros externos e internos a lo largo de mi carrera. Siempre me han despertado un deseo de entender el porqué de esos muros. Y las causas son siempre el miedo“, dice Waters al inicio del documental, según recoge la prensa. “Me llena de horror la idea de vivir en una prisión gigante“, cita el diario israelí Ha’aretz. “We don’t need no thought control“, recuerda después.

El muro del que habla Waters es una barrera de más de 700 kilómetros de largo que envuelve Cirsjordania -la parte de Palestina en el banco oeste del río Jordán- y que impide a los palestinos llegar a sus trabajos en Israel, a los hospitales o a las escuelas. También, es una forma de arrebatarles tierras, ya que “muerde” en varios tramos pedazos del territorio palestino. Además, dificulta la entrega de medicinas, alimentos y otros bienes de consumo. En fin: es una atrocidad condenada por todos los actores, menos por Israel, porque encarcela a los habitantes de la zona, porque es un atentado más contra la paz, porque es la mejor receta para provocar una catástrofe humanitaria, y por otro montón de razones.

Roger Waters no es el primero en lanzarse contra el muro. Entre otros muchos, antes el graffitero inglés Banksy se dio una vuelta y dejó imágenes como ésta que se pueden ver en su página.

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Uno de los graffitis sobre el muro de Israel

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En lo que nos llega el documental sobre el nuevo muro, aquí una probada del concierto en el viejo, el que por suerte se cayó hace ya veinte años.

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Virginia Woolf en la BBC: las palabras libérrimas


De tanto en tanto, los escritores escriben sobre las palabras, y explican o halagan a la herramienta de la que son amos y esclavos a la vez. Otras veces, en cambio, el elogio va incrustado en textos o discursos que casi sonarían a reproche, pero en realidad son declaraciones de un amor absoluto y, ciertamente, irremediable. En el primer caso está, por ejemplo, Gabriel García Márquez, con su Botella al mar para el dios de las palabras. En el segundo, está Virginia Woolf, con este texto que rescató hoy The Book Bench de The New Yorker, y que es además la única grabación conocida de la autora de Orlando.

Se trata de la contribución de Woolf a la serie Las palabras me fallan (Words fail me) que hizo la BBC en 1937. Aquí el video, debajo la traducción. El texto en inglés se puede leer aquí.

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Las palabras, las palabras del inglés, están llenas de ecos, de memorias, de asociaciones. Han estado por todas partes: en los labios de la gente, en las calles, en sus casas, en los campos, por tantos siglos. Y esa es una de las principales dificultades para escribirlas hoy: están llenas de otros significados, de otras memorias, y han contraído muchos matrimonios famosos en el pasado. La espléndida palabra “enrojecer”, por ejemplo. ¿Quién puede usarla sin recordar el “mar innumerable”? En los viejos tiempos, por supuesto, el inglés era una nueva lengua, los escritores podían inventar nuevas palabras y usarlas. Hoy en día, es bastante fácil inventar nuevas palabras -brotan a los labios cuando vemos una nueva vista o tenemos una nueva sensación- pero no podemos usarlas porque el inglés es una lengua vieja. No se puede usar una palabra nueva en un lenguaje viejo por el hecho tan obvio pero siempre misterioso de que una palabra no es una entidad distinta y separada, sino parte de otras palabras. En efecto, no es una palabra hasta que no es parte de un enunciado. Las palabras pertenecen las unas a las otras, aunque, claro, sólo un gran poeta sabe que la palabra “enrojecer” pertenece al “mar innumerable”. Combinar nuevas palabras con viejas palabras es fatal para la constitución de un enunciado. Para poder usar nuevas palabras con propiedad se debe inventar todo un nuevo lenguaje, y eso, aunque sin duda llegará, no es por el momento nuestro asunto. Nuestro asunto es ver qué podemos hacer con la vieja lengua inglesa tal como es. ¿Cómo podemos combinar las viejas palabras con nuevos órdenes para que puedan sobrevivir, para que creen belleza, para que digan verdad? Ese es el dilema.
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La persona que pudiera responder esa pregunta merecería cualquier corona de gloria que el mundo pueda ofrecer. Pensar en lo que significaría si se pudiera enseñar, o si se pudiera aprender el arte de escribir. Cada libro, cada periódico que se tomara, dirían verdad o crearían belleza. Pero hay, parece ser, algún obstáculo en el caminio, algún impedimento en la enseñanza de las palabras, pues aunque en este momento al menos cien profesores están dando cátedra sobre la literatura del pasado, al menos mil críticos revisan la literatura del presente y cientos y cientos de jóvenes hombres y mujeres pasan exámenes de literatura en inglés con todo crédito, pese a todo eso, ¿escribimos mejor, leemos mejor lo que leímos y escirbimos hace 400 años, cuando no teníamos cátedras, ni críticas, ni clases? ¿Nuestra moderna literatura georgiana es un parche de la isabelina? Bueno, ¿dónde pondremos la culpa por ello? No en nuestros profesores, o en nuestros editores, o en nuestros escritores, sino en las palabras. Es sobre las palabras sobre quienes cae la culpa. Son la más salvaje, libre, la más irresponsable, la más inenseñable de todas las cosas. Por supuesto, puedes atraparlas y distribuirlas y colocarlas en orden alfabético en los diccionarios. Pero las palabras no viven en diccionarios. Viven en la mente. Si se quiere una prueba de ello, que se considere cuán seguido, en momentos de emoción, cuando más necesitamos las palabras, no encontramos ninguna. Y sin embargo, ahí está el diccionario; ahí, a nuestra disposición, está medio millón de palabras, todas en orden alfabético. Pero, ¿podemos usarlas? No, porque las palabras no viven en diccionarios, viven en la mente. Mira una vez más al diccionario. Ahí, más allá de toda duda, yacen obras más espléndidas que Antonio y Cleopatra, poemas más amorosos que la Oda al ruiseñor, y novelas junto a las cuáles Orgullo y prejuicio o David Copperfield son garabatos crudos de amateurs. Es sólo cuestión de encontrar las palabras correctas y ponerlas en el orden adecuado. Pero no podemos hacerlo porque no viven en diccionarios; viven en la mente. ¿Y cómo viven en la mente? En forma extraña y variada, en gran parte como los seres humanos, deambulando de aquí para allá, enamorándose, juntándose. Es cierto que están menos atadas por la ceremonia y la convención que nosotros. Las palabras de la realeza se juntan con las comunes. Las palabras inglesas se casan con las francesas, las alemanas, las indias, las negras, si así lo quieren. En efecto, cuanto menos indaguemos en el pasado de nuestra querida madre Inglés, mejor será para la reputación de esa señora, pues es una doncella amancebada como las de Amsterdam.
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Por tanto, imponer cualquier ley a vagabundos tan irreprochables es peor que inútil. Unas cuantas reglas triviales de gramática y ortografía es cuanta mordaza podemos ponerles. Todo lo que podemos decir sobre ellas, conforme nos aparejamos con ellas a la orilla de esa caverna honda, oscura y apenas iluminada en la que viven -la mente-, todo lo que podemos decir de ellas que es que parece gustarles la gente que piensa antes de usarlas, y que siente antes de usarlas, pero no piensa y siente sobre ellas, sino sobre algo completamente diferente. Son altamente sensibles, y fácilmente se incomodan y apenan. No les gusta que se discuta su pureza o impureza. Si se abriera una Sociedad por el Inglés Puro, mostrarían su resentimiento iniciando otro inglés impuro, y de ahí la antinatural violencia de gran parte del discurso moderno, en protesta contra los puritanos. Son muy democráticas, también. Piensan que una palabra es tan buena como la otra, y las palabras mal educadas tan buenas como las educadas, y las incultas tan buenas como las cultas: no hay rangos ni títulos en su sociedad. Tampoco les gusta ser elevadas en el punto de una pluma y examinadas por separado. Se pasean juntas, en enunciados, en párrafos -a veces en páginas enteras a la vez. Odian ser útiles, odian hacer dinero, odian que se les den lecciones en público. En pocas palabras, odian cualquier cosa que les estampe un significado o las confine a una actitud, pues su naturaleza es cambiar.
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Quizá esa sea su mayor peculiareidad: su necesidad de cambio. Es porque la verdad que tratan de atrapar tiene muchos tamaños, y la transportan adquiriendo muchos tamaños, corriendo para aquí, luego para allá. Por eso, significan una cosa para una persona, otra cosa para otra persona; son ininteligibles para una generación, directas como una lanza para la siguiente. Y es por esta complejidad, este poder para significar distintas cosas para distintas personas, que sobreviven. Quizás, entonces, una razón por la que no tenemos un gran poeta, novelista o crítico que escriba hoy es que nos negamos a permitir a las palabras su libertad. Las encajamos en un significado, su significado útil, el significado que nos hace llegar al tren, el que nos hace pasar el examen.
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¡Maaangos!


elefante

Desde hace décadas que una familia de elefantes llega a un lugar específico en Zambia, África, donde hay árboles de mangos para comer ya que, al parecer, esa fruta les encanta.

Resulta que luego unos tipos construyeron un hotel, el Mfuwe Lodge, justo en el paso para llegar a los mangos. A los elefantes esto poco les importó y cruzan el lobby del hotel para llegar a su manjar.

Los elefantes entran de dos en dos. Algunos medio curiosean en el lobby, pero en general se dirigen al jardín en la parte de atrás para ir por sus mangos. Luego toman agua de la fuente de ahí.

Los administradores del hotel y las personas no se acercan mucho a los elefantes y los dejan pasar.

Cuando construyeron el hotel no sabían que lo estaban haciendo justo en el camino del mango del elefante. Cada noviembre llegan los elefantes y cada noviembre se llena más el hotel.

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Nijinski: el bailarín que apareció en video para desaparecer


A principios del siglo XX, sobre los escenarios había un bailarín y coreógrafo que conmocionó Europa. Se llamaba Vaslav Nijinski. Además de sus talentos -”flotaba sobre las tablas”, dicen algunos-, su leyenda tiene el añadido de que no hay ningún video suyo, y apenas quedan unas pocas fotografías. Por un momento, sin embargo, los fanáticos de la danza creyeron que la Atlántida surgió de entre las aguas cuando un usuario de Youtube montó un “fragmento de la película de Nijinski”. Las campanas se echaron al vuelo, hasta que se supo que, en realidad, todo era un montaje extraordinariamente bien hecho.

nijinski

Hace casi un año, Christian Comte montó en su canal de Youtube el “fragmento de la película de Nijinski“, en la que se entreven algunos pocos segundos del bailarín representando La tarde del fauno, una adaptación de un poema de Mallarmé.  Aparentemente, Comte no es sólo un estupendo animador que logró armar un video a partir de muy pocas imágenes fijas, sino que también maneja las palabras como pocos. Nunca sostiene que el video sea original, pero todo está puesto para pensarlo. “La película perdida ha sido al fin recompuesta“, dice en la presentación de ese y otros tres videos.

Para quien hubiera caído en la trampa, Joan Acocella, una experta en danza, publicó en The New Yorker un artículo algo dolido en el que aclara las cosas. “Esto es el oro de los tontos“, concluye.

El oro de los tontos, sin embargo, tiene la gracia de seguir viéndose como oro, aunque no se lo pueda montar como tal. La animación no es nada mala, y nos ofrece una probadita de cómo habría bailado el que, según dicen todos los que saben, fue uno de los bailarines más impresionantes del siglo.

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