El aviso del bombardeo


Sobre la ciudad de México volaron hoy los aviones de la Fuerza Aérea Mexicana, y las calles en silencio retumbaron con el estruendo de los reactores. Anuncia su aparición un ruido que vibra, y después la vibración se hace sorda y grave, y hace temblar los vasos y las lámparas. Así debe sentirse el anuncio de un bombardeo, con el ruido a lo alto avisando del estallido por lo bajo.

Los pases de los cinco cazas que se perdieron en las nubes sobre el DF me encontraron tratando de poner en orden a los invasores de mi casa. La luz que me ayudaba a ver entre el polvo que cubre las maletas viejas tembló por un momento justo cuando tenía en las manos un disco viejo que recoge varios textos de Paco Ignacio Taibo I. Uno de ellos habla, precisamente, de los bombardeos, pero del otro extremo: su colofón, lo que dejan por la tierra tras tirar sus estallidos.

Los aviones que pusieron a temblar mi casa, por suerte, son de fiesta y sacaron a los chilangos a las azoteas para verlos. Espero que las cosas se queden así y nunca podamos escribir un texto bellísimo como éste que dejo aquí, en voz de Taibo I: Después del Bombardeo

bombingbelgrade

  • Share/Bookmark


El Grito del desánimo


#eresmexicano

Hasta hace algunos años, el día del Grito de Independencia era para los mexicanos el día del desahogo nacional. Parece que ya no. Al hecho de que los carritos con banderas tricolores ya no pululan por todas partes en la ciudad de México, para documentar nuestro pesimismo aparecieron una encuesta y un hashtag en Twitter que más que con afán patriótico me dejaron la imagen de que éste es un país bastante deprimido.

Hace un par de días, María de las Heras publicó en Milenio un sondeo según el cuál apenas la cuarta parte de la población tiene muchas ganas de salir a gritar “¡Viva México y vivan los héroes que nos dieron patria!” Sólo 40% de los mexicanos considera que la gente es amable, y menos del 25% considera que vivimos en un país de gente honesta.

Luego aparece el hashtag de Twitter #eresmexicano que termina de mostrar la pésima imagen que tenemos los mexicanos de nosotros mismos. Entre las ganas de ser patriota sin que le salga del chico con cara de Hidalgo a la idea de que ser mexicano es saberse de memoria los nombres de esos tipos con patillas y peinados raros (la descripción es de Ibargüengoitia) que hicieron patria, creo que hay poco margen para el optimismo.

No que lo haya en demasiados lugares, pero es de notarse.

  • Share/Bookmark


Joaquín Clausell


muarl

Hay un Museo de la Ciudad de México en la calle de Pino Suárez esquina con Uruguay, en el Centro.

De esos museos que antes fueron lujosas casas de condes. De condes que tuvieron hijas y de hijas que se casaron con el artista, acá, todo pintor, todo formal. Todo impresionista, todo paisajista, todo Joaquín Clausell, amigo de los de la época, de Diego Rivera, de tal y tal.

Pero Joaquín Clausell se habrá sentido incómodo. Seguramente.

Vivía en la casona del suegro. De los condes de Santiago de Calimaya quienes quieran que sean. Y Clausell debía pintar cosas ad hoc: arbolitos, nubecitas, volcancitos, hojitas, paisajitos que pasaron a la historia de México como impresionistas, mal expuestas sin un marco ni nada.

Hay unas cuantas en la casona, por ahí en la pared del segundo piso que nadie visita.

Hay un tercer piso, añadido, que tampoco nadie visita. Fue el estudio de Clausell, el espacio de Clausell, su escape. Donde, quiero suponer, no entraba ni el suegro ni la esposa ni nadie más que sus amigos.

Ahora todos ellos están muertos y quien quiera puede subir al tercer piso y reconocer que Clausell pintaba lienzos para vender hacia afuera con azulitos, verdecitos y blanquitos. Pero cuando pintaba hacia dentro, en su cueva, pintó las paredes con las tripas y el corazón y el cerebro, acabando por tapizar su estudio con bocetos, siluetas, rostros, escenas y locura. Cuatro paredes repletas de su obra más personal, unos 23 metros de largo, 8 de ancho y 5 de alto.

Entonces uno va caminando por la calle de Pino Suárez esquina con República del Salvador, entra al tercer piso y se topa con el estudio de Joaquín Clausell.

museo

studio

  • Share/Bookmark


Verde musgo legamoso: el Greco en México


“Un agónico verde helado Greco, / un verde musgo legamoso Greco, / un disecado verde vidrio Greco, / un verde roto Greco.” Eso vió Rafael Alberti en El Greco y eso vi yo en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México. Vi los rostros pálidos, ajados, de El Greco en la exposición que reúne 47 cuadros suyos en las salas del palacio. Vi sus mantos que, con todo y lo rojo, siguen siendo verdes. Vi las manos y los pies que pintó, como de señorita lista para calzarse el guante o la zapatilla, a santos y condes.

Vi también una ciudad que parece adorar la cultura. No hay exposición que no esté a tope -si son el Zócalo y con bombo y platillo, decir que están a tope es quedarse corto-, y era la una de la tarde de un viernes y no había cuadro sin media docena de espectadores.

Impresiona la muerte verde y blanca en el rostro del conde de Orgaz, y los ojos del niño que lo señala como advirtiendo: “Sigues tú”. Impactan sus trazos translúcidos, seguros y difusos, con los que da un cierto toque espectral a los rostros y la carne.

Me maravilló también la precisión de Alberti: el Greco es eso, es verde, es agónico, es helado, legamoso. Y es genial.

orgaz

  • Share/Bookmark


México viaja a Colombia para la Feria del Libro de Bogotá


Los mariachis se adelantaron a la Feria: el letrero es de Bogotá. La foto es de Edward Bermúdez_

Desde ayer, y hasta el 23 de agosto, la literatura latinoamericana recorrerá uno de sus caminos predilectos: el que va de Bogotá al DF, de Colombia a México. El país de Carlos Fuentes es el invitado de honor de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, en el país de Gabriel García Márquez. La agenda de eventos no deja nada que desear, a menos que se esté atorado en la ciudad de México, no se conozca Bogotá, y uno muera de ganas de viajar a los Andes para verlo.

En el programa estarán el poeta, novelista y cuentista José Emilio Pacheco (un favorito de este blog), la investigadora e intelectual a lo J’accuse Denisse Dresser, y el diplomático y escritor Sergio Pitol, que nos explicó cómo domar a la divina garza, por mencionar a algunos. Ante ellos, se espera que acudan casi medio millón de personas entre lectores, curiosos, borrachos en las fiestas, etc.

Hasta Bogotá viajará también un grande del cine mexicano, una leyenda que ha trascendido la historia. El protagonista del ciclo de cine será ni más ni menos que Santo, el enmascarado de plata. Aquí una probada de lo que se verá en las pantallas de la feria cachaca.

_

  • Share/Bookmark


¿Se acabó el internet en las cafeterías?


He perdido la noción del tiempo, pero tengo la impresión de que apenas hace muy poco comenzó a ser común en México que un café o un restaurante tuvieran internet inalámbrico. ¿Tres o cuatro años? Pues parece que no durará mucho más que eso, si la tendencia en Estados Unidos se contagia a México. Las cafeterías del país del internet inalámbrico por excelencia están considerando seriamente quitar ese servicio.

wificoffeshop

Según cuenta una nota de The Wall Stret Journal, algunos restaurantes han optado por una solución menos radical: ninguna laptop puede estar sobre la mesa a la hora del almuerzo entre semana. Los fines de semana son más duros: de diez a tres, sobre la mesa sólo periódicos, libros, cafés… cosas pre Internet, pues. Un letrero en la entrada del lugar lo explica: “Nos encanta que este lugar te guste tanto como para pasar tanto tiempo aquí, pero la gente tiene que comer, y para comer tiene que sentarse”.

En Comment is Free de The Guardian, Sarah Allen dice que es una forma de preservar “la etiqueta”: si no consumes al menos un café cada hora, sé bien educado y vete. Sacar las laptops de los cafés le parece una solución adecuada, que tiene además la ventaja de defender el buen gusto. Alvy de Microsiervos de plano se lamentaba diciendo que la medida puso “el gozo tecnológico en un pozo“.

Yo me inclino más por la solución que propone el blog Gadgeto de El Mundo: “Esconder los enchufes parece una solución bastante aceptable. Lleve la batería de su portátil cargada y tendrá dos o tres horas de trabajo garantizado. Después tendrá que mover las posaderas y volver a su casa a recargar durante una hora”.

¿Alguien propone otra?

  • Share/Bookmark