Los dos Londres que caben en uno sólo


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El café 1001En realidad, en las ciudades siempre hay dos ciudades. Hay una en la que viven sus habitantes, y hay otra que es un barrio de una ciudad global, en la que viven las aves de paso o los extranjeros que se asentaron en un lugar sin querer o sin poder mezclarse con los nativos.

En el barrio londinense de esa ciudad me encontré con un orfanato bellísimo. En sus celdas viven Virgilio, Dickens, Paul Auster y Georges Bataille. Es el orfanato de libros del Café 1001, en la calle de Bricklane. El enorme librero que mira desde lo lejos al grupo que toca en vivo alberga regalos de los clientes, y los clientes pueden tomar los libros sin problema, y así dar casa a los huérfanos.

Hace unas horas pude ver también el Londres que viven los londinenses, cuando por azares del destino acabé en el Wetherspoon de Elephant & Castle, al sur de la ciudad. Entrar al lugar tiene la enorme ventaja de ver una ciudad entera resumida en un bar. En la mesa de la ventana, por ejemplo, un padre y su hijo toman café mientras que un hombre borracho perdido convence a su sombra de que “el Fulham va a arrasar mañana“. Dos chicos negros saludan a un chino y a un inglés mientras que, al fondo, una señora con una papada que le cuelga hasta la el pecho toma una cerveza con sus amigas.

Una no es más real que la otra: son simplemente dos ciudades que se superponen, con fronteras difusas pero siempre presentes, y de las que hay que entrar y salir con cuidado de no cerrar la puerta.

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Adiós al maestro del WHISKEY


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El responsable de que el Jack Daniel’s tenga el mismo sabor que ha tenido desde 1866 murió ayer.

Al catador Jimmy Bedford, el del trabajo envidiable para muchos, aparentemente le dio un ataque al corazón y murió a los 69 años en su granja cerca de la destilería Jack Daniel’s Old No. 7, en Lynchburg, Tennessee, tras 20 años de trabajo como catador.

Bedford no sólo cataba el Jack Daniel’s Old No. 7, su trabajo también consistía en revisar todo el proceso de producción del whiskey, desde el molido, el fermentado y el destilado en Tennessee, hasta viajar por todo el mundo como el embajador de Jack Daniel’s. Ofrecía seminarios, firmaba botellas, salía en anuncios publicitarios y comerciales de televisión.

“La constante en Lynchburg es Jack Daniel’s Old No. 7, y mi trabajo es checar que ésta nunca cambie. Si eso sucede, estoy en problemas”, decía.

Es decir: tal vez no haya nada interesante, grande o excepcional en la región de Lynchburg en Tennessee, excepto la destilería a su cargo, la que despacha 9.5 millones botellas de whiskey al año en 135 de los 190 y tantos que hay en el mundo; y además, que los millones de botellas, todas, tengan el mismo sabor del whiskey de hace 143 años.

Jimmy Bedford fue nombrado el Maestro no. 6 en la legión de maestros del Jack Daniel’s Old No. 7 y como tal, aparte de conservar el auténtico sabor del 7, fue el primero en introducir nuevas marcas en la historia del whiskey en más de 100 años. Hizo la Gentleman Jack, con sabor ahumado, y la Jack Daniel’s Single Barrel, para quienes buscan algo distinto al dulzón del clásico no. 7.

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