
En 1976, alguien muy ocioso estableció el Día Mundial de los Zurdos, que se celebra desde entonces cada 13 de agosto. Según he hallado en la red, su intención era “promover la consciencia sobre los inconvenientes de ser zurdo en un mundo predominantemente diestro”. Quizá sea una exageración, pero algo es cierto: hay más cosas de las que los diestros ven que están hechas para ellos y para los zurdos son imposibles de usar.También, sin embargo, hay varias ventajas.
Para un zurdo, por ejemplo, usar unas tijeras normales es inclusive doloroso: están diseñadas para que entre el pulgar diestro por la oreja, y al cabo de un rato los dedos duelen y acaban entumidos. La periodista Martha Ramos recordó hace unos días que lo mismo pasa con las reglas que usamos en las escuelas: los números están al revés para nosotros, y para usarlas bien hay que aprender a restar, no nada más a contar, porque no podemos empezar a contar desde cero sino desde el final. Para usar un abrelatas tuvimos también que aprender a hacerlo con la mano derecha, porque la navaja está a la izquierda.
Lados amables, sin embargo, también hay muchos. A diferencia de lo que la lingüística nos dice (“diestro” es tanto alguien hábil como alguien que de natural usa la mano derecha), los zurdos tenemos más habilidad, porque debimos aprender a usar la “mano mala” más que los diestros. En teoría -aunque la comunidad científica sigue discutiendo esto- los zurdos también somos más creativos.
Lo que ocurre es que los seres humanos somos zurdos o diestros dependiendo de qué hemisferio del cerebro predomina sobre el otro. En el caso de los diestros, el hemisferio izquierdo lleva mano, y en el caso de los zurdos al revés. Como el hemisferio derecho es el de la creatividad y las emociones, los zurdos tenemos más inventiva. Por contra, somos un desorden, y en demasiadas ocasiones tenemos que compensarlo con dosis excesivas de manía y neurosis: el lado izquierdo del cerebro es el que controla el orden. Por poner un ejemplo, un diestro sería estupendo para trabajos mecánicos. Un zurdo, en cambio, es buenísimo para pensar “fuera de la caja”.
Lo raro de usar la mano izquierda de natural ha traído históricamente muchas desventajas. En el Occidente cristiano y medieval, por ejemplo, éramos “siniestros”, extraños y oscuros. En el mundo musulmán estamos muy mal vistos, y la mano izquierda suele usarse para tareas sucias -todas las que se imaginen-, mientras que para lo limpio y bueno se usa la diestra. A los ladrones, por ejemplo, se les cortaba la mano derecha para alejarlos de la sociedad: si todos toman la comida de una misma fuente y lo hacen con la mano, nadie quisiera ver ahí metida la mano usada para las cosas impuras.
Hace no tantos años, además, en las escuelas a los zurdos les ataban la mano al pupitre para que se acostumbraran a usar la derecha.
Un dato, sin embargo, lo compensa todo: los zurdos estamos convencidos de que somos lo máximo. Según recoge El Universal esta mañana, “una encuesta realizada por el Left-handers Club (el club de los zurdos), muestra que el 58% de los zurdos afirmó considerarse más inteligente de lo normal y el 48% más creativo que el resto.”
Cierto o no, ¡felicidadez, zurdos!
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