Vals con Bashir es la historia de unos adolescentes a los que su gobierno convirtió en asesinos. Es la historia del valor de un hombre que se atreve a encontrarse con los horrores de los que fue cómplice involuntario. Es la historia de lo mejor de Israel, de esa parte de Israel que sabe que un crimen es un crimen es un crimen. Es una película impresionante por su humanidad, por su calidad y por su sencillez.
Vals con Bashir empieza así: Un hombre sueña todos los días que 26 perros lo persiguen. Sabe que son 26 porque cuando hizo el servicio militar y los coroneles israelíes le ordenaron invadir Líbano, a principios de los años 80, ésa fue la cifra que mató: 26 perros. Un amigo suyo descubre, al oírlo, que no recuerda dónde estaba cuando la matanza de los campos de refugiados de Sabra y Shatila. Entonces comienza a buscar qué hizo, a tratar de encontrar los horrores que quizá cometió.
Lo que descubre entonces es que tanto él como sus compañeros fueron enviados a vivir el horror y a provocarlo. Encuentra los refugios que cada uno construyó ante el miedo y la barbarie. Lo que halla es gente destrozada por lo que hizo y lo que permitió. Vals con Bashir muestra cómo los halcones israelíes no sólo cometieron un genocidio en Líbano, sino que además condenaron a sus jóvenes a vivir sus vidas ligadas al crimen: fueron cómplices, vieron los asesinatos, permitieron la masacre.
Vals con Bashir revela otra parte de las atrocidades de esos halcones que hasta ahora, al menos para mí, seguía oculta: no sólo los palestinos y los libaneses fueron sus víctimas. Ariel Sharon y sus huestes mataron también una parte de su propio pueblo.
Y para colmo, no sólo la película es espectacular: el soundtrack es buenísimo.

Vía Infogratis(s)
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